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Buenas noches, Matador

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Buitres, el Chat de Terra sigue existiendo.

Os lo digo porque anoche entré.

Me puse Matador84 de nick.

Y una mujer, llamada TrianeradeCuna, me ha propuesto tomar un vermú el domingo que viene en la Latina. Yo, que soy padre de dos criaturas, divorciado, usuario de auriculares con cable y propietario ocasional de una dignidad intermitente, le he dicho que sí.

No «ya veremos».

No «me viene un poco justo».

No «lo hablamos».

Sí. Rotundo.

Como un kamikaze de las citas a ciegas.

Ahora os cuento cómo he llegado hasta aquí, porque necesito que alguien me explique en qué momento exacto he perdido la custodia compartida de mi sentido común.

El domingo a las siete y media entregué mis hijos a su madre. Digo «entregué» porque cuando uno está divorciado todo suena a trámite judicial, aunque solo estés bajando dos mochilas, una chaqueta que no es de nadie y una bolsa con cromos repetidos que algún día acabará en una vista oral.

Bosco tiene catorce años y ya me mira como si yo fuera una actualización pendiente de instalar en su móvil. Lucas, que es más pequeño y todavía conserva algo parecido al cariño explícito, me llamó Papá Securitas porque comprobé si la puerta de casa estaba cerrada tres veces antes de bajar.

Tres.

No cuatro.

No empecéis.

La cuarta fue después, cuando subí solo, y eso ya pertenece a otra jurisdicción psiquiátrica.

Inés estaba esperándolos abajo en su Audi Q5, que siempre parece recién salido de un anuncio de banca privada. Mi exmujer tiene esa capacidad: aparcar en doble fila y que parezca una decisión patrimonial. Me dio las buenas tardes con esa cordialidad gélida que patentó el día del divorcio y que perfecciona cada vez que me ve. Bosco se metió en el coche sin despegar la mirada del móvil. Lucas me dijo adiós con la mano. Inés me preguntó si había metido el chándal del colegio en la mochila.

—Sí, claro —respondí.

Mentira.

Una mentira con las patas cortísimas. Lo peor no era que el chándal probablemente no estuviera en la mochila. Lo peor era que Inés ya lo sabía con total certeza.

Inés me miró. No dijo nada. Ese es su superpoder. Inés no necesita decir «eres un desastre». Lo piensa con tanta claridad que te llega por telepatía.

Subí a casa. Comprobé la puerta. Dejé las llaves en el cuenco de las llaves, que es el único objeto de mi casa que mantiene una relación estable conmigo, y me quedé de pie en el salón.

En ese momento, vi la mochila de Lucas en el recibidor.

Con su correspondiente chándal. Con los deberes del lunes dentro. La mochila que debería estar en el Audi Q5 de banca privada camino a casa de su madre.

Llamé a Inés.

No respondió.

Me mandó un audio.

Inés envía audios como si dictara actas notariales. Sin saludo. Sin despedida. Diez segundos con la sensibilidad de un extracto bancario.

«Pepe, ya sé que se ha dejado la mochila. Tráela mañana antes de las ocho al colegio. No al portal de casa. A la puerta del colegio. Y la próxima vez revísale las cosas antes de bajar, que para eso eres su padre.»

Para eso eres su padre…

Diez segundos de audio y la última frase es para eso eres su padre.

Si alguna vez inventáis un sistema para medir el daño emocional por segundo de audio de WhatsApp, Inés batirá récords.

Domingo.

Ocho de la tarde.

Silencio.

Ese silencio que al principio parece paz y a los diez minutos ya parece que la vida te ha dejado en visto.

Podría haber hecho algo de provecho. Poner una lavadora. Leer. Salir a correr. Llamar a mi madre. Preparar comida para el lunes. Revisar los pagos del colegio. Cualquier actividad adulta, gris y funcional.

Así que me serví un ron miel.

No sé por qué tengo ron miel en casa. No recuerdo haberlo comprado. Sospecho que apareció un día, como aparecen las humedades en el techo o los kilos de más. Pero ahí estaba. Me puse un copazo con más entusiasmo que criterio y busqué algo que sonara a mala decisión.

Sonó Para no verte más, de La Mosca.

Sí.

Ya lo sé.

Podéis ir preparando el insulto, pero esperad, que todavía no he llegado a Terra.

Me puse los auriculares de cable. Bosco dice que mis auriculares le dan «todo el cringe». Lo dice así, con esa naturalidad con la que su generación usa palabras que parecen síntomas de una enfermedad terminal. Pero a mí me gustan. No hay que cargarlos. No cuestan lo mismo que una revisión del coche. Son auriculares. Tienen cable. Funcionan. Fin de la innovación.

Y entonces pasó.

Con La Mosca a todo volumen y el ron miel empezando a hacer de las suyas sentí el «picorcito».

Esa cosa que sienten algunos hombres de cuarenta y dos años cuando creen, durante tres minutos y cuarenta segundos, que todavía queda algo de su versión de los veinte.

Pepe, estás solo y chisposo.

Pepe, esto no puede acabar bien.

Pepe, abre Google.

Abrí Google.

Escribí:

chat Terra sigue existiendo

Y seguía. Como siguen las cosas que nadie ha tenido el valor de desenchufar. Con salas. Con nicks. Con gente. Un domingo. En 2026.

La pantalla. Terra. Quince años después. Como volver a la puerta de una ex a las tres de la mañana: sabes que no deberías estar ahí, pero ya has llegado.

El sistema me pidió un nick.

Aquí conviene aclarar una cosa: cuando un hombre de cuarenta y dos años se encuentra delante de una casilla que pone «elige tu nick», no piensa. Recuerda. No consulta con su terapeuta. No respira. No se pregunta si quizá sería mejor usar su nombre real, o uno neutro, o algo que no diera ganas de cerrar sesión desde la otra punta del planeta.

Mis dedos escribieron solos.

Matador84.

Buitres, lo sé.

Lo sé mejor que vosotros.

Sobran las palabras.

A los veintitantos yo entraba en Terra desde un piso compartido en Moncloa y me creía un castigador. No peligroso de verdad, claro. Peligroso en el sentido en que puede serlo un tío con gomina, patillas de Curro Jiménez y dos frases preparadas para cada tipo de chica. Iván, mi compi de piso, me llamaba fucker de saldo. Lo decía con admiración, que es lo preocupante.

Yo tenía paciencia para el privado. Tenía táctica, repertorio y funcionaba.

O eso quería recordar.

El problema de los recuerdos es que la memoria no tiene control de calidad.

Entré en la sala.

#Másdecuarenta.

Sí.

#Másdecuarenta.

No iba a meterme en veinteañeras. Tengo múltiples defectos, pero la ceguera no es uno de ellos.

Había gente. Mucha más de la que esperaba. Nicks de todo tipo. Algunos parecían rescatados de Proyecto Hombre.

Decidí leer el general antes de abrir la boca. Lo que vi fue el equivalente digital de un bar de carretera a las tres de la mañana: todo el mundo buscando lo mismo y nadie dispuesto a admitirlo.

Conquistador_VLC: Buenas noches sala. Empresario consolidado. Busco secretaria para proyecto personal. Buena remuneracion. Solo chicas con buena presencia. Soy generoso con quien sabe valorarme.

«Secretaria para proyecto personal.» «Soy generoso con quien sabe valorarme.» Un cazatalentos en Terra. Cada uno que entienda lo que quiera. Yo entendí lo que entendí.

LoboSolitario_Bcn: alguien aqui de barna?? busco compañia sin rollos ni dramas

Sin rollos ni dramas. La frase más repetida en internet desde que pasamos de la peseta al euro.

Kampanilla77: jajaja lobo eso dicen todos y luego a la semana ya estais pidiendo exclusividad y las claves del movil

LoboSolitario_Bcn: yo no soy todos

Kampanilla77: eso tambien lo dicen todos

MaduritoInteresante: 1,78. 83 kg. Moreno. Atletico. Profesional liberal. Coche propio. Piso en propiedad. Sin cargas. Viajo mucho. Busco mujer 30-40 que se cuide y no fume.

MaduritoInteresante vendiéndose como si fuera un anuncio de Wallapop con aspiraciones de concesionario de lujo.

JyM_Parejareal: Hola sala!! Somos pareja estable buscando amistad y complicidad. Abiertos a nuevas experiencias. Solo gente con nivel.

«Solo gente con nivel.» Más peligro que un mono con dos pistolas.

Me hundí un poco más en el sofá. Bebí un trago largo de ron miel. No por sed. Supervivencia pura y dura.

Discreto_Madrid: Busco encuentros discretos. No mando foto. Preferiblemente zona norte de madrid.

Morenazah89: vamos que estás casado

Discreto_Madrid: No he dicho eso. Solo busco discrecion.

Morenazah89: Solo te falta decir que no puedes quedar los fines de semana.

Discreto_Madrid: La verdad es que me viene mejor entre semana.

¿Discreto? Sí ¿Con menos luces que un barco pirata? También

CorazonRoto_Madrid: Mi ex me dejo por un profesor de crossfit. Llevo tres meses sin dormir. Alguien sabe lo que es la lealtad?

Kampanilla77: cariño esto es un chat no un consultorio sentimental

CorazonRoto_Madrid: Ya pero al menos aqui me leen. En casa ni el gato me hace caso.

Me identifiqué más de lo que me habría gustado con el del gato.

Dulce_Veneno_69: Hola sala!! Soy nueva aquí. 26 años. Me encanta viajar el gym y conocer gente interesante jijiji. Busco sugar que me pague mis caprichos.

Conquistador_VLC: Dulce si quieres conocer a un caballero de verdad aqui me tienes. Te mando privado con la oferta.

MaduritoInteresante: Dulce yo tambien te mando privado. Sin compromiso.

LoboSolitario_Bcn: dulce escribeme si quieres quedar en barna

Tres hombres. Tres respuestas en menos de diez segundos. Dulce_Veneno_69 era carnaza y todos los tiburones desdentados habían olido la sangre al mismo tiempo.

Semental_Cadiz: 23 cm verificados. No es broma. Quien quiera comprobarlo que escriba al privado. Abstenerse feas.

Morenazah89: amos aver 23 cm de ke??? jajajjajja

Kampanilla77: de ego Morenazah de ego

Semental_Cadiz: cuando lo veas me cuentas

Kampanilla77: pues que te lo cuente tu urólogo

Veintitrés centímetros verificados en un chat un domingo de enero. Si su madre leyera este mensaje le quitaba el wifi, el móvil y el apellido. De postre, cambio de nick: Bofetón_Chipiona.

Me miré los pantalones del pijama. Los calcetines de rombos. La bolsa de pistachos medio vacía. Encajaba perfectamente en esta sala. Y eso era lo más preocupante de todo.

Ese era el ecosistema. Caballeros sin dama. Lobos sin manada. Parejas sin vergüenza. Casados sin coartada. Y un tío de Chipiona con veintitrés centímetros verificados.

Respiré hondo.

Me dije: tranquilo, Pepe. Solo estás de visita.

A los tres minutos estaba escribiendo privados.

Empezamos fuerte.

Intento número uno: AlmaLibre85.

En el general había escrito:

Mujer libre, sin compromisos, gente normal por favor.

Gente normal. Ahí ya debí retirarme. Ninguna persona que escribe «gente normal por favor» está preparada para recibir un mensaje de Matador84.

Pero yo estaba en modo explorador.

Le escribí:

Matador84: Buenas noches, alma libre.

No contestó.

Le vi escribir en el general. Le vi reír una gracia a Conquistador_VLC. Le vi mandarle un beso a Naviero_55, que probablemente era un señor de Teruel que no había visto el mar ni en foto.

A mí nada. Ni un emoticono de cortesía. Ghosteado en Terra en 2026 por una mujer con un nick de perfume de Mercadona.

En ese instante visualicé a Bosco mofándose de mi:

«Cómo te han ghosteado Padre. LooooooL».

Me abrí una bolsa de pistachos para acompañar al ron.

Intento número dos: MarianaSur.

MarianaSur escribió:

busco compañía sincera, sin tonterías.

Me pareció una petición razonable. Compañía sincera. Sin tonterías. Yo era la compañía perfecta. Y las tonterías, bueno, nadie es perfecto…

Le abrí privado y escribí:

Matador84: Buenas noches, vengo en son de paz.

En son de paz.

En 2026.

Con cuarenta y dos años.

Sorprendentemente, ella me respondió con rapidez:

MarianaSur: hola

MarianaSur: edad?

Ahí tuve una oportunidad. Podría haber escrito «cuarenta y dos» con aplomo. Podría haber respondido «42, bien llevados», que es una frase que solo usan personas que no llevan bien nada. Podría haber hecho una broma.

Escribí:

Matador84: 42

1, 2 y 3.

MarianaSur ha abandonado el chat.

Tres segundos tardó en leer mi edad y evacuar la zona.

Me comí seis pistachos seguidos.

Intento número tres: VivaSevilla38.

Esta me pareció la definitiva. Sevillana, treinta y ocho años, «mucha guasa», según escribió en la sala. Pensé: paisana. Pensé: vamos que nos vamos.

Y entonces hice lo que siempre hago cuando creo que juego con el factor campo a favor: entré con los tacos por delante.

En el general escribí:

Matador84: ¿Qué pasa Cabesa? ¿Cómo va la cosa por Sevilla?

Le escribí Cabesa. A una mujer. Si mi madre se entera me desheredan por la vía rápida.

Inesperadamente, me contestó por privado.

Hablamos un rato. Vivía cerca de La Palmera. Separada. Una hija de quince. Bética. Tenía gracia. Yo empecé a venirme arriba como un parguela.

Entonces me preguntó si quería ver una foto.

Buitres, aquí quiero que conste en acta que yo dudé. Poco. Pero dudé.

Acepté de inmediato.

Me mandó una imagen.

La abrí.

Era una fotopolla descomunal…

Sin filtros. Sin entrar en detalles…

Con todo su afecto.

Tardé unos segundos en entenderlo, que es otra forma de decir que mi cerebro ya estaba trabajando en horario reducido.

VivaSevilla38 era un tío. Un tío hecho y derecho con más testiculina que yo y un sentido del humor discutible.

Cerré el privado.

Me levanté.

Fui al baño.

Me miré en el espejo.

Tenía los cascos colgando del cuello, los ojos chisposos, una cáscara de pistacho pegada al dedo y la expresión exacta de un hombre que ha intentado recuperar su juventud y se ha llevado la primera en la frente.

—Pepe —me dije—, tienes más óxido que un chatarrero rumano. Cierra el portátil y vete a la cama.

Me lavé la cara.

Volví al salón.

Me senté en el sofá.

Llevé el cursor hasta la X para cerrar Terra.

Y entonces sonó.

Bling.

Privado nuevo.

TrianeradeCuna: Mira, Matador, lo de cabesa tiene delito. Si eres sevillano te lo perdono. Si no lo eres, cierra el privado y vete con Conquistador_VLC a buscar secretarias.

Me quedé en pausa.

Quité la mano del ratón.

Leí el mensaje otra vez.

TrianeradeCuna.

Ese nick era mejor que el mío. Mucho mejor. Tenía gracia, categoría y solera. Mi nick parecía sacado de la matrícula de un Seat Ibiza tuneao. El suyo a mujer que huele a azahar.

Además, yo no le había abierto privado.

Me había escrito ella.

Esto, para que los jóvenes lo entiendan, es como cuando en el colegio te eligen para el equipo del recreo sin que tengas que levantar la mano. Una anomalía. Un milagro. Un subidón de autoestima.

Las manos.

Pringadas de sal y restos de pistacho.

¿Así vas a contestar al primer ser humano interesante de la noche? – me reproché.

Me limpié en el pantalón del pijama.

Como un caballero con modales exquisitos.

Escribí:

Matador84: Sevillano de pura cepa. Y si eres de Triana somos casi vecinos, porque soy de Los Remedios, aunque llevo demasiado tiempo amargándome en los Madriles.

Le di a enviar.

Y justo después de enviarlo hice lo que todo hombre inseguro hace después de mandar un mensaje medianamente importante: lo releí como si fuera un contrato hipotecario.

Amargándome.

¿Por qué había escrito amargándome?

¿Quién usa amargándome para ligar?

Estuve a punto de mandar un segundo mensaje:

Lo digo en broma, eh. No soy un amargado. Bueno, un poco. Pero buena gente.

No lo mandé.

Ese fue mi primer acierto de la noche y me dejó agotado.

Ella respondió:

TrianeradeCuna: ¡Anda qué de casualidades y qué cerquita, vecino! Aquí tienes otra amargaíta a la fuerza en la capi…

Me pasó algo raro.

Sonreí como un bobo.

Pero no una sonrisa de «he colocado un chiste». Una sonrisa peor. De esas que salen solas y te dejan con toda la cara de Forrest Gump y su cajita de bombones.

Paré la playlist.

Dejé los pistachos.

Me incorporé en el sofá.

Y durante las siguientes tres horas y media hablé con TrianeradeCuna.

No os voy a contar todo lo que hablamos, porque entonces esto duraría más que una junta de vecinos y yo todavía conservo algo de piedad. Pero os resumo lo importante.

Era sevillana.

Vivía en Madrid.

Tenía cuarenta y dos.

Escribía rápido.

Se reía escribiendo, que parece una tontería, pero no lo es. Hay gente que escribe «jajaja» con el mismo espíritu que la Charo de turno te sella un documento en el Inem.

Ella no.

TrianeradeCuna tenía ritmo.

Tenía la mala leche justa. Tenía ese tipo de guasa que te coge del cuello de la camisa y te dice «ya te has pillao hasta las trancas».

En algún momento me preguntó:

TrianeradeCuna: ¿Y qué hace un sevillano en Madrid además de quejarse del frío y decir que allí se vive mejor?

Matador84: Principalmente eso. A veces trabajo para disimular.

TrianeradeCuna: Bien. Al menos eres consciente de tu especie.

Ahí debí cerrar Terra y retirarme por todo lo alto.

No lo hice, claro.

Me contó que estaba en Terra «por motivos científicos».

Yo no pregunté más porque soy idiota, pero no tanto como para interrumpir una frase así.

También hablamos de Madrid. De Sevilla. De cómo los sevillanos en Madrid tenemos una relación insoportable con nuestra propia nostalgia. De bares que ya no existen. De bodas. De canciones. De ese momento en que te das cuenta de que ya no sabes si echas de menos una ciudad, una edad o una versión tuya que probablemente era bastante más deteriorada de lo que imaginas.

A ratos me olvidaba de que estaba en Terra.

A ratos me acordaba y me daba más vergüenza.

A las doce menos cuarto escribió:

TrianeradeCuna: Si Matador y Trianera coincidieran un día en algún sitio físico, ¿crees que se reconocerían?

Leí la frase tres veces.

Tres.

La primera vez la leí como adulto.

La segunda como divorciado.

La tercera como gilipollas funcional con ron miel.

Me levanté del sofá sin saber por qué. Di dos pasos. Volví a sentarme. La puerta. Cerrada. Eso ya lo sabía porque la había comprobado cuatro veces.

¿Qué responder a esa pregunta?

Opción A:

No sé, todavía no nos conocemos lo suficiente.

Responsable.

Opción B:

Jajaja, quién sabe.

Cobarde.

Opción C:

Habría que comprobarlo.

La elegida por un hombre que ha tenido toda la noche para aprender y no ha aprendido una mierda.

Escribí:

Matador84: Habría que comprobarlo.

Le di a enviar.

Me arrepentí diecisiete veces antes de que el mensaje terminara de aparecer en pantalla.

Entonces pasó la cosa más terrorífica del vocabulario digital contemporáneo.

TrianeradeCuna está escribiendo…

Desapareció.

Volvió.

Desapareció.

Volvió otra vez.

Yo estaba tan expectante que hasta los pistachos parecían preocupados.

Cogí uno y lo trituré con los dedos sin darme cuenta. Se me quedó la mano llena de polvo salado. Si Ana —todavía no sabía que se llamaba Ana, pero permitidme el spoiler emocional— hubiera podido verme en ese momento, habría cerrado Terra, apagado el router y cambiado de continente.

Por fin apareció su mensaje.

TrianeradeCuna: A ver, agacha las orejas, Matador, que yo con los desconocidos de internet no quedo así por las buenas…

Bien.

Correcto.

Sano.

Cabal.

Game Over.

Gracias a Dios.

TrianeradeCuna: Pero si casualmente el domingo que viene te apetece un vermú por la Latina, a una servidora puede que también.

Ahí estaba.

El vermú.

La Latina.

Domingo.

Sí, Pepe, sí. No te pellizques. Estás despierto.

Mi cerebro empezó a abrir pestañas.

Domingo.

Niños con Inés.

Yo libre.

Vermú.

La Latina.

Trianera.

Cuarenta y dos años.

Motivos científicos.

Auriculares de cable no, por Dios, los cascos no.

¿Tengo una camisa decente?

¿Sigue existiendo mi cuerpo o solo administro mis funciones vitales?

¿Esto es una cita?

Podría haber contestado con calma.

Podía haber escrito:

Me apetece, lo vemos estos días.

Podría haber mantenido un mínimo misterio.

Podría haber sido un hombre.

Escribí:

Matador84: Casualmente, me encantaría.

No «podría».

No «quizá».

No «lo hablamos».

Me encantaría.

Ella respondió:

TrianeradeCuna: Muy bien, Principito. Ya concretaremos. Buenas noches, Matador.

Principito.

Me llamó Principito.

No sé qué significa. No sé si era cariñoso, ofensivo o quirúrgicamente preciso. Pero me gustó. Y eso es lo que más me preocupa.

Escribí:

Matador84: Buenas noches, Trianera.

Cerré el portátil.

Me quedé sentado en el sofá.

La casa seguía igual. El mismo silencio. El mismo cuenco de las llaves. La misma puerta. El mismo ron miel. La misma bolsa de pistachos. Pero algo había cambiado y eso me fastidió mucho, porque soy malísimo para adaptarme a los cambios. Yo soy bueno comprobando puertas, llaves de la luz, perdiendo camisetas de los niños y fingiendo que no me importa estar solo un domingo por la noche.

Me levanté.

Comprobé la puerta.

Una vez.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Apagué las luces.

Volví a comprobar las luces porque ya me había liado.

Me metí en la cama.

Y entonces pensé una cosa que me dejó un poco tocado:

La frase «casualmente, me encantaría» la podría haber escrito cualquiera.

Cualquiera menos el Pepe de las ocho y media.

El Pepe de las ocho y media habría visto una serie mala, habría scrolleado Twitter, habría fingido interés por un debate futbolero, habría apagado la luz y se habría dormido con esa tristeza limpia de la soledad nocturna dominical.

Pero Matador84 no. Matador84 había quedado para un vermú.

Con una desconocida. Del Chat de Terra.

En 2026.

Buitres, necesito consejo.

El domingo es dentro de seis días, o siete, según cómo cuente mi ansiedad.

Tengo una cita —o una emboscada con aceitunas— con una mujer que se llama TrianeradeCuna, que dice estar en el Chat por motivos científicos y que me ha llamado Principito sin pedirme permiso.

Puerta grande o enfermería.

Mis opciones son:

A) Ir al vermú, no hablar de mi ex, no hablar de mis hijos, no hablar de mis auriculares de cable y descubrir en tiempo real que sin esos tres temas soy un hombre sin contenido.

B) No ir, borrar el historial, quemar el portátil y mudarme a un pueblo de Soria donde nadie tenga wifi ni sepa qué es Terra.

C) Contárselo a Iván, que sería como soltarle un rottweiler al cartero y esperar que solo le lama la mano.

D) Hacer lo que voy a hacer de todas formas: ir, llegar veinte minutos antes, dar tres vueltas a la manzana y entrar en el bar con cara de hombre que pasaba por aquí por casualidad.

No contestéis todavía.

O sí.

Me da igual.

PD: Llevo veinte minutos mirando camisas en el armario.

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EjecutivoAtractivo43

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Buitres, he cometido un error.

«Menuda sorpresa» — diría Inés…

Ya sé que, tratándose de mí, la frase no tiene demasiado valor informativo, pero esta vez conviene precisarlo: cometí el error garrafal de contarle a Iván lo de Terra.

Sí, a Iván.

El mismo que lleva veinte años llamándome fucker de saldo y que una vez intentó ligar en una boda diciéndole a una prima de la novia que tenía «manos de pianista» cuando la chica solo estaba pelando gambas.

A ese Iván.

Pero lo hice. En el bar de Rafa, el lunes por la noche, a la segunda caña, le dije:

Anoche me metí en el chat de Terra.

Iván dejó el vaso en la barra. Me miró. Parpadeó. Y entonces empezó a reírse.

No una risa normal. No una risa de «qué gracioso». Una risa escandalosa que hizo que Rafa levantara la vista de la freidora como quien escucha los aullidos de una hiena en celo.

—¿En Terra? —dijo Iván, secándose los ojos—. ¿En el chat? ¿El de tooodaa la vida?

—Sí.

—¿Tú?

—Sí.

—¿Matador84?

No hizo falta contestar. Me delató mi cara, como si fuera un crío al que le preguntan quién se ha comido el Cola Cao a cucharadas.

—¿Cómo sabes que me puse Matador84?

Iván apoyó una mano en mi hombro con una condescendencia insoportable.

Pepitooo. Por favor…Te conozco como nadie, atontao. ¿Qué te ibas a poner? ¿MozartLover42? ¿Ecofriendly84? No. Tú eres Matador84. Lo serás hasta en la residencia de ancianos. Entrarás al bingo con tu tacatá y pondrá Matador84 en tu cartón.

Se rio cinco minutos. Cinco. No exagero. Hubo fases. Primero risa aguda. Luego risa muda. Luego palmadas en la barra. Luego repetición del nick en voz baja, como si estuviera catando un vino de categoría.

—Matador84 —repetía cansinamente—. ¡Qué maravilla! ¡Estamos de vuelta!

Yo me comí las aceitunas. Rafa siempre me pone unas aceitunas rancias al lado de la caña. Nunca las pido. Nunca las quiero. Pero ahí están siempre, como un detalle de bodegón triste que ya es parte de mi vida. Me las comí con resignación y resentimiento.

Cuando, por fin, recuperó la respiración, hizo lo que Iván hace siempre que huele una mínima posibilidad de desastre sentimental: se colocó en modo consejero. Que Dios nos asista.

—A ver —dijo—. Pregunta crucial. ¿Has ligado o solo has entrado a verlas venir?

—He hablado con una mujer.

—¿Mujer real?

—Eso espero -dije con más miedo que vergüenza.

—¿Nick?

Dudé. Supongo que porque decir el nick de Trianera en voz alta delante de Iván era como sacar la vajilla de la abuela en una despedida de soltero.

—TrianeradeCuna.

Iván se puso serio.

—Buen Nick.

—Ya.

—Mejor que el tuyo.

—Gracias.

—Mucho mejor. Ella parece una mujer con mundo. Tú pareces un aspirante a miembro de Desokupa.

Pedí otra caña. Por supervivencia pura y dura.

Le conté lo justo. Que habíamos hablado el domingo. Que era sevillana. Que vivía en Madrid. Que tenía cuarenta y dos. Que me había llamado Principito. Que había dejado caer lo del vermú en La Latina.

No le conté lo de la sonrisa de bobo.

No le conté que me acosté a las tantas evaluando mis camisas.

Iván escuchaba con atención. Eso en él siempre es mala señal. Cuando Iván escucha de verdad, se masca la tragedia.

—El vermú es perfecto —sentenció—. No es una cena, que tiene postre y drama. No es un café, que es más triste que un domingo sin dinero. El vermú dice: soy un adulto con criterio, tengo cosas que hacer después, pero de momento me apetece intoxicarme ligeramente contigo antes de comer.

—Hay un problema.

—¿Cuál?

—John me ha pedido que cubra una guardia el domingo por la mañana. Desde las siete. Estaría libre sobre la una.

—¿El sociópata? ¿El guiri tocapelotas?

—El mismo.

Iván tiene una teoría sobre los jefes ingleses. Dice que son la única raza de directivo que es capaz de despedirte un viernes a las cinco, invitarte a una pinta después y decir brilliant cuando les cuentas que se te ha inundado el piso. John encaja en esa teoría como un guante. Es el tipo de jefe que sonríe cuando te da una pésima noticia. Que dice lovely cuando Manolo le pone un café con leche en vez de su flat white. Que te palmea el hombro después de joderte el fin de semana y te llama legend como si acabara de concederte una condecoración.

—¿Y qué le dijiste? —preguntó Iván.

—Claro, John. Sin problema.

Iván me miró con la compasión de quien contempla a un perro que vuelve a morder el mismo zapato.

—Eres su felpudo, Pepe.

—Seguro que este año me asciende.

—Eso le decías a Inés y mira cómo acabó todo.

Hay amigos que te apoyan. Amigos que te escuchan. Y amigos que te apuñalan con tu propia biografía. Iván es de los terceros.

Rafa dejó unas bravas delante de nosotros.

—Invita la casa —dijo.

—¿Por qué? —pregunté.

—Porque si seguís hablando de ligar a vuestra edad, necesito que mastiquéis algo para no escucharos.

Rafa es un cabrón, pero es nuestro cabrón.

—Yo también me meto en el Chat de Terra…

Casi me atraganto con la aceituna.

—¿Cómo que tú también estás en Terra?

—Pues eso. Que he vuelto a hacer mis pinitos.

—¿Desde cuándo Iván?

—Tres meses.

—¿Tres meses?

Nada…Picoteo de vez en cuando.

—¿Tres meses en Terra y no me lo has contado?

—Tú tampoco me lo dijiste.

—Yo llevo un día, Iván. Un día y medio si contamos la resaca moral.

—Bueno, pues ahora tenemos de nuevo tema común.

No sabía si abrazarle o pedir una orden de alejamiento digital.

—¿Y cómo te llamas?

Iván se enderezó.

Aquí conviene que imaginéis la escena. Iván, cuarenta y tres años, cazadora de cuero comprada en la burbuja de 2008, bravas en la comisura del labio y una solemnidad que no correspondía con nada de lo que estaba a punto de decir.

Carraspeó.

—EjecutivoAtractivo43.

Buitres.

Yo lo intenté.

Os juro que intenté ser un buen amigo.

Intenté no reírme.

Intenté pensar en cosas tristes: los impuestos, mi divorcio, la cuota de mi hipoteca o la vez que Bosco me dijo que mis playlists parecían «hilo musical de un tanatorio».

Nada.

No hubo manera.

—Ejecutivo… —empecé.

—No sigas.

—Atractivo…

—Pepe.

—Cuarenta y tres.

—Te estás jugando una hostia.

Me dio un ataque de risa que casi me mata. Me reí con una mezcla de alivio, vergüenza ajena y esa felicidad miserable que produce descubrir que tu mejor amigo está igual de hundido que tú, pero con peor branding que un puticlub de la España vaciada.

Iván aguantó con bastante entereza, que es más de lo que se puede decir de su nick.

—Por lo menos el mío proyecta algo —dijo.

—¿Qué proyecta?

—Mentalidad de Tiburón.

—Proyecta a vendedor de seguros casposo.

—También proyecta que tengo trabajo.

—Ejecutivo no eres.

—Tengo camisas.

—Atractivo es discutible.

—Eso lo decide el mercado.

—Y cuarenta y tres es una confesión.

—La transparencia genera confianza.

Le quiero mucho. No de una forma sana, probablemente. Hay amistades que se mantienen porque a cierta edad ya da pereza explicar tus taras a gente nueva.

Pedimos otra ronda.

Sí.

Otra.

No me miréis así. Vosotros no estabais allí. No habíais escuchado a un hombre adulto defender su nick EjecutivoAtractivo43 como si estuviéramos en una agencia de publicidad.

Iván me explicó su método en Terra.

Su método consistía, básicamente, en no hacer nada.

Entraba en salas de mayores de cuarenta, se quedaba en silencio y esperaba a que alguna mujer interpretara su ausencia de actividad como misterio.

—Eso no es un método —dije—. Es estar conectado.

—Es elegancia pasiva.

—Es no participar.

—Exacto. No parezco desesperado. Dejo que las chatis vengan a mí.

—Iván. Llevas tres meses en Terra y te han hablado dos bots, un estafador de criptomonedas y una señora de Valladolid que buscaba consejo para su depósito a plazo fijo.

—Roma no se construyó en un día.

—Roma se construyó antes que tú te comas un rosco con EjecutivoAtractivo43.

Señaló mi caña.

—Tú ríete, pero el problema de Matador84 es que huele a esfuerzo. EjecutivoAtractivo43 a auténtico privilegio para ellas. Filtra y selecciona cuándo y cómo quiera.

—¿En serio te lo crees, Iván? —pregunté con mueca de alucine total.

—Tú has quedado porque las mujeres perciben la decadencia y quieren arreglarla.

Aquello me dolió porque podía ser verdad.

El móvil. 23:42

¡Once y cuarenta y dos!

Trianera podía estar conectada. Podía estar esperándome. Técnicamente dijimos que ya hablaríamos. Pero en mi cabeza tenía un compromiso invisible que cumplir. Y yo estaba en un bar, escuchando a un hombre llamado EjecutivoAtractivo43 explicarme su «método infalible».

—Me tengo que ir —dije, levantándome demasiado rápido.

El mundo dio un pequeño giro. No grave. Solo un giro administrativo.

—¿Ya? —dijo Iván—. Pero si no me has contado si está buena.

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Es un nick.

—¿No te ha mandado foto?

—No.

—Bien.

—¿Bien?

—Muy bien. Fotos antes de quedar, mal. Matan el misterio. Además, con nuestra edad ya no conviene airear demasiado nuestras vergüenzas.

—No digas «nuestra edad» como si fuéramos veteranos de Vietnam.

Pagué.

O creo que pagué. Rafa me hizo un gesto que significaba «ya ajustaréis cuentas», que en los bares de confianza es una forma elegante de decir «sois unos desgraciados, pero os tengo cariño».

Antes de salir, Iván me agarró del brazo.

—Pepe.

—Qué.

—Esta noche entro.

—No.

—Solo a mirar.

—No.

—Como apoyo.

—No necesito apoyo.

—Todo matador necesita a su cuadrilla.

—Tú no eres la cuadrilla. Tú eres un miura con datos móviles.

—Voy a entrar un rato. A ver el ambiente.

—Iván, ni se te ocurra hablar con Trianera.

—¿Cómo voy a hablar con ella si no sé quién es?

Lo miré.

Él sonrió.

Yo había mencionado su nick hacía media hora.

—Iván.

—¿Qué?

—Noooo.

—Vale, vale.

Ese «vale, vale» de Iván era igual de fiable que las predicciones de Fernando Simón en 2020.

Salí del bar con la sensación de haber abierto una puerta que debía permanecer sellada hasta el fin de los días.

Llegué a casa a las doce menos cinco.

Diez minutos del bar al portal.

Tres minutos en el ascensor comprobando que llevaba las llaves, aunque ya estaba dentro del edificio, lo cual os parecerá absurdo, pero no estáis preparados para vivir dentro de mi cabeza.

Dos minutos buscando el portátil, que estaba exactamente donde lo había dejado. Un minuto más para mirar mi reflejo en la pantalla apagada y confirmar que tenía la cara de un hombre que había mezclado esperanza, bravas y mucho canguelo.

Abrí el Chat.

Entré en la sala.

Miré la columna de nicks de la derecha como quien mira el listado de aprobados de una oposición a la que se ha presentado sin dar palo al agua.

TrianeradeCuna.

Conectada.

¡Conectada!

Me temblaron los dedos.

De las cañas.

De los nervios.

De Pepe siendo Pepe.

Antes de que pudiera escribir, apareció un privado.

TrianeradeCuna: Vaya con el Príncipe encantador de pacotilla. Pensaba que ya me habías dejado tirada, Matador.

Leí la frase dos veces.

Había estado esperándome.

Trianera había estado esperando a Matador84 un lunes hasta casi medianoche mientras yo escuchaba a EjecutivoAtractivo43 hablar de tácticas de seducción «infalibles».

Hay humillaciones que no necesitan testigos. Esta, por desgracia, os tiene a vosotros.

Escribí:

Matador84: Perdóname. Me ha liado un amigo que se llama EjecutivoAtractivo43 y que lleva tres meses en Terra sin ligar. Me daba pena dejarlo solo.

Lo envié.

Fue una mala decisión.

No por contarle lo de Iván. Eso era inevitable. Sino porque, al escribir el nick de Iván, noté una pequeña alegría mezquina. Como quien se sienta al lado del calvo en la foto de grupo para presumir de pelo.

Ella respondió casi al instante.

TrianeradeCuna: jajajajaja ¿EjecutivoAtractivo43?

TrianeradeCuna: No, por favor.

TrianeradeCuna: Dime que te lo estás inventando.

Matador84: Me gustaría. Pero no tengo tanta imaginación ni tan poca vergüenza.

TrianeradeCuna: ¿Y funciona?

Matador84: Lleva tres meses esperando a la adecuada.

TrianeradeCuna: Eso es una forma bonita de decir que no se come un mojón.

Me reí.

Solo.

En mi salón.

Matador84: No seas malaje. Es buen tío.

TrianeradeCuna: Los buenos tíos con nicks así, deberían estar bajo la supervisión de un adulto hecho y derecho.

Estuve a punto de decir «yo soy ese adulto» pero hasta mi autoestima, que iba con cuatro cañas de ventaja, detectó el problema.

TrianeradeCuna: Me pillas de milagro. Estaba a punto de irme a dormir. Pensaba que ya no venías.

Leí eso y se me encogió algo.

No seáis ñoños. No fue el corazón exactamente. Fue una zona más amplia, entre el esternón y la vergüenza.

Había estado ahí.

Esperándome.

Y no era de las que esperan. Lo notabas. Trianera no era una mujer que se queda mirando el teléfono. Era una mujer que cierra el portátil, se cepilla los dientes y hasta luego Lucas.

Que siguiera ahí, un lunes a medianoche, era un regalo que yo no merecía y que probablemente iba a pagar con intereses que aún no podía imaginarme.

Matador84: Mañana estaré aquí a las diez. Puntual. Te lo prometo.

Error.

Prometer.

A una mujer adulta.

Después de cuatro cañas.

Con Iván, campando a sus anchas en Terra.

TrianeradeCuna: Principito, haz el favor de no prometer cosas que no sabes si puedes cumplir.

Leí «Principito» y, contra todo pronóstico, me gustó otra vez.

Matador84: Tienes razón. Entonces te prometo que lo intentaré.

TrianeradeCuna: Eso ya me gusta más.

TrianeradeCuna: Buenas noches, Matador.

Matador84: Buenas noches, Trianera.

Se desconectó.

No de golpe. O quizás sí. No lo sé. Vi su nick desaparecer de la lista como la última aceituna del plato de Rafa: sin aviso y dejándote más solo que antes.

Cerré el portátil.

Me levanté.

Comprobé la puerta.

Una.

Dos.

Tres.

Cuatro.

En la cuarta me di cuenta de que seguía sonriendo.

Esto es lo más preocupante que me ha pasado en meses y os recuerdo que tengo un hijo preadolescente.

Me metí en la cama.

Mi estómago centrifugando a todo trapo las cañas y las bravas. Mi cabeza, a la par, revisando la moviola de las últimas 27 horas.

Trianera.

Domingo.

Vermú.

Guardia a las siete de la mañana.

John.

Iván.

EjecutivoAtractivo43.

Matador84.

Principito.

Yo.

Todo junto parecía el reparto de una obra de teatro subvencionada por el Ministerio de la Catástrofe.

A las 00:23 me vibró el móvil.

Un mensaje de Iván.

No lo quise leer.

Hay mensajes que uno decide ignorar porque todavía conserva un hilo de esperanza en la humanidad.

Vibró otra vez.

Un audio de Iván.

Lo abrí.

Iván: Peeepeeee. Estoy dentro.

Me incorporé en la cama.

No «me senté». Me incorporé como se levantan los muertos en las películas de terror cuando alguien evoca una maldición.

Otro mensaje.

Iván: Sala #Másdecuarenta. Esto está a tope de peña.

Cerré los ojos.

Pepe, tranquilo.

Igual solo mira.

Igual no hace nada.

Igual, por una vez en su vida, Iván actúa con prudencia.

Tercer mensaje.

Iván: TrianeradeCuna está conectada. Voy a saludar.

No sé si alguna vez habéis sentido cómo se os cae el alma dentro del pijama.

Yo sí.

Y no se recoge con facilidad.

Escribí a toda pastilla:

Yo: NO.

Enviar.

Yo: NO LA SALUDES.

Enviar.

Yo: IVÁN.

Enviar.

Tres mensajes.

Doble check.

Nada.

Me levanté de la cama.

Fui al salón.

Abrí el portátil con la desesperación de un controlador aéreo contemplando una estampida de toros bravos en la pista del aeropuerto.

Terra tardó en cargar unos segundos.

Los suficientes para que yo pensara en todas las formas en que EjecutivoAtractivo43 podía arruinar algo que aún ni siquiera había empezado.

Entré en la sala.

Miré la columna.

EjecutivoAtractivo43.

Conectado.

Y debajo:

TrianeradeCuna.

Conectada.

No respiré.

Entonces apareció un privado nuevo.

No era de Trianera.

Era de Iván.

EjecutivoAtractivo43: Tranquilo, Matador. Controlado. Ya sabe que soy tu amigo.

Buitres.

Apagué el portátil.

Lo volví a encender.

Porque soy un cobarde, pero también necesito saber de qué tamaño es el incendio.

No dejéis nunca que vuestro mejor amigo entre en vuestra vida sentimental.

Y menos si se llama EjecutivoAtractivo43.

Si has llegado hasta aquí, ya es tarde para dejarlo.

Lo sabes de sobra. Y eso que esto solo acaba de empezar...

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